El destino es caprichoso, como un niño mal criado...
Y quién tiene la culpa, más que nosotros, que siempre le damos el caramelo del gusto ...
Caemos rendidos a sus zancadillas...
y aún así, sonreimos, disfrutamos de sus cosquillas, mientras estamos en el suelo,
sumisos e indefensos ...
Como gatos panza arriba ...
Sin darnos cuenta que somos sus perros ...
Nos tiene dominados ...
Pero nos sigue sorprendiendo ...
Al igual que tú sorprendes a tu canino amigo, con una ruta nueva en su rutinario paseo,
o un cambio de comida ...
Pero, eh!
Aún no voy a tirar de deprimente armamento narrativo ...
Sorprendemos a nuestras mascotas,
y el destino nos sorprende...
Y por ello, vengo a narrar esta historia ...
Curiosa, como un alma felina ...
Y real, y sincera, como el sino de un lobo ...
El telar de la hilandera, tejedora de razones, se enredó una noche,
después de una reunión de músicos, espectadores y estimulantes,
de esos que dicen que crean adictos ...
Un lugar de contexto ...
Una gasolinera...
Por que no?
Adoro esos lugares para situar historias ...
Y esta vez, el niñato caprichoso que decide en nuestras vidas, así quiso que fuera ...
Allí ...
Esta vez, no es el hombre, el dolido en esencia, y la mujer, la resentida indolente ...
Que también ...
Y quién no es así? ...
Pero no y si, esta vez, era diferente ...
El cuchillo de la traición, había partido el dulce pastel del amor ...
Del qe todos comen...
A él le había tocado la parte amarga...
A ellas la parte dulce que engancha y engaña ...
Pero a todos les toco comer del desamor ...
Ellas ...
Si... ellas, amigas por otra apetencia del niño dichoso, director de nuestro camino ...
Retomo la andanza que dejé en la gasolinera ...
Olvidaba el detalle del olvido...
Sin ese despiste, nada de esto hubiese sido ...
La desencadenante en cuestión fue ... A ...
Que tras dicho festival de sentidos, perdió sus enseres en esa gasolinera ...
B, que pasaba por allí, gozaba de ese alma, que solo tiene esa gente,
esa gente de la que te hablan, que deseas conocer con todas tus ansias vivas,
y que te das cuenta de que les conociste cuando ya se fueron, y les ves de lejos...
cómo brillan ...
Él, B ...
Encontró los enseres de A...
Una madeja enredada, tirada, en el suelo ...
Ahí estaba ...
B, la engatusó entre sus manos sensibles, y lo protegió de posibles destrozos ...
Cogió la madeja y comenzó a tirar, y tirar ...
Tiró...
Tiró...
Hasta que ...
au!
Un tirón en el pelo de C, la incomodaba aquella noche ...
Extrañada por esa molestía que no lo fue tanto,
se asomó a la ventana del cielo y ahí estaba B ...
Con su sonrisa, en esos labios ...
Era un hombre dulce...
Pero hombre ...
Con esos labios ... Preciosos ...
Un pelo largo, testigo del tiempo ...
Y unos ojos, que C no veía bien, pero los intuía cargados de buenas intenciones ...
B le explicó a C, que su amiga A, con la que había visto que estaba conectada,
se había dejado ese cachito de ella...
En esa gasolinera ...
C no cabía en el asombro, en seguida, se comunicó con A y la comentó la situación ...
Arreglaron el acuerdo de devoluciones ...
Agradeció eternamente a B, su acto heroico...
Y todo quedó como un bonito relato de despiste y amabilidad ciudadana ...
Pero hay algo de lo que B no fue consciente ...
Y es que en su acto cortés y valiente,
su cabello, fiel a lunas y soles, a tierras y a flores,
se abrazó en esa noche al pelo de C ...
Anudandose sin querer,
queriendo ...
Sin saber ...
Y el destino ...
Mal criado, por nosotros, se divierte, apretando por cada estrella,
un poquito más ese nudo entre B y C ...
Nadie lo sabe ...
Ni yo ...
Pero es real ...
Y sincero ...
Como el sino de un lobo...